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Condesa de  Mar

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Aprendamos a vivir con menos tecnología y mas humanidad.



Soy una seguidora de Carl Gustav Jung, creo que en el área de la siquiatría ha marcado un hito más grande que otros estudiosos de la psique humana, ha estudiado al “hombre” como un ser íntegro ( de ahí lo de la “conciencia colectiva”) y no sólo viendo los síntomas de una “enfermedad”.


Entre las muchas actividades de Jung una de las que más me apasiona, han sido sus viajes por todo el orbe, conociendo culturas variadas y así también “primitivas formas de medicina” y más que nada acompañando al “hombre” en la desamparada travesía de su existencia.


Y dada la crisis mundial que vivimos por estos días me pareció que este pequeño texto puede ayudarnos a salir a flote, haré un paralelo con un corcho flotando en un sumidero, debemos “ser el corcho” pero no en el sentido de “sólo flotar” sino en “no dejar que el sumidero nos absorba y destruya”.


Este cuento fue soñado por Carl Gustav Jung y publicado en su ‘Libro Rojo’ pueden descargar este libro en el siguiente link ideal para IPad guárdenlo en IBook y disfruten de una lectura profética , no en el sentido banal de una mera anticipación de hechos futuros, sino en la condición profética de cada “hombre” co-creador de lo que se gesta en tu interior. > Libro Rojo.


Entonces a la historia:


“-Capitán, el chico está preocupado y muy agitado debido a la cuarentena que nos han impuesto en el puerto.

-¿Qué te inquieta, chico? ¿No tienes bastante comida? ¿No duermes bastante?

- No es eso, Capitán. No soporto no poder bajar a tierra y no poder abrazar mi familia.

-¿Y si te dejaran bajar y estuvieras contagioso, soportarías la culpa de infectar a alguien que no puede aguantar la enfermedad?

- No me lo perdonaría nunca, aún si, para mí, han inventado esta peste.

- Puede ser. ¿Pero si no fuese así?

- Entiendo lo que quiere decir, pero me siento privado de mi libertad, Capitán, me han privado de algo.

- Prívate tú de algo más.

- ¿Me está tomando el pelo?

- En absoluto. Si te privas de algo sin responder de manera adecuada, has perdido.

- Entonces, según Usted, si me quitan algo, ¿para vencer debo quitarme alguna cosa más por mí mismo?

- Así es. Lo hice en la cuarentena hace 7 años.

- ¿Y que es lo que se quitó?”

-Tenía que esperar más de 20 días sobre el barco. Eran meses que llevaba esperando llegar al puerto y gozar de la primavera en tierra. Hubo una epidemia y en Port April nos prohibieron bajar. Los primeros días fueron duros, me sentía como ustedes.


Luego empecé a reaccionar a aquellas imposiciones no utilizando la lógica. Sabía que tras 21 días de este comportamiento se crea una costumbre, y en vez de lamentarme y crear costumbres desastrosas, empecé a portarme de manera diferente a todos los demás.


Reflexioné sobre aquellos que tienen muchas privaciones cada día de su miserable vida y decidí vencer. Empecé con el alimento. Me impuse comer la mitad de cuanto comía habitualmente, luego empecé a seleccionar los alimentos más digeribles, para que no se sobrecargara mi cuerpo. Pasé a nutrirme de alimentos que, por tradición, habían mantenido el hombre en salud.


El paso siguiente fue unir a esto una depuración de pensamientos malsanos y tener cada vez más pensamientos elevados y nobles. Me impuse leer al menos una página cada día de un tema que no conocía. Me impuse hacer ejercicios sobre el puente del barco.


Un viejo hindú me había dicho años antes, que el cuerpo se potenciaba reteniendo el aliento. Me impuse hacer profundas respiraciones completas cada mañana. Creo que mis pulmones nunca habían llegado a tal capacidad y fuerza. La tarde era la hora de las oraciones, la hora de dar las gracias a una cualquiera entidad por no haberme dado como destino privaciones serias durante toda mi vida.


El hindú me había aconsejado también adquirir la costumbre de imaginar la luz entrar en mí y hacerme más fuerte. Podía funcionar también para la gente querida que estaba lejos y así, esta práctica, también la integré en mi rutina diaria sobre el barco.



Luz en tu cuerpo

En vez de pensar en todo lo que no podía hacer, pensaba en lo que habría hecho una vez bajado a tierra. Visualizaba las escenas cada día, las vivía intensamente y gozaba de la espera. Todo lo que podemos obtener enseguida, nunca es interesante. La espera sirve para sublimar el deseo y hacerlo más poderoso. Me había privado de alimentos suculentos, de botellas de ron, de imprecaciones y tacos. Me había privado de jugar a las cartas, de dormir mucho, de ociar, de pensar solo en lo que me habían quitado.

- ¿Como acabó, Capitán?

- Adquirí todas aquellas costumbres nuevas. Me dejaron bajar después de mucho más tiempo del previsto.

- ¿Lo privaron de la primavera, entonces?


Sí, aquel año me privaron de la primavera, y de muchas cosas más, pero yo había florecido igualmente. Me había llevado la primavera dentro de mí y nadie nunca más habría podido quitármela.

Esta época de cuarentena nos arroja hacia situaciones inéditas en nuestra vida. Nuestra noción de realidad y las certezas en las que nos sentíamos cómodos y seguros se han esfumado, es natural que frente a esto aparezca la angustia. También sabemos que no todos gozamos de las mismas posibilidades y privilegios en este confinamiento.


Igualmente, frente a la pérdida de la movilidad, hay una sensación de perder la libertad. Sin embargo, la vía reflexiva, el camino espiritual, la conciencia de la solidaridad y la compasión, representan salidas frente a una situación de crisis y permite que otras posibilidades de acción y pensamiento se expresen.

Vemos en el capitán una actitud estoica frente a la existencia y en el joven una noción errada de lo que debería hacerse en el momento, impulsado por la angustia que le representa el confinamiento y no poder ver a su familia.

Como conclusión a este sueño quiero darle una aplicación práctica, usa tu tiempo de confinamiento para florecer, no es fácil es cierto, pero pon un poco de voluntad vibra alto, respira, crece, aprende cosas nuevas, busca tus hobbies o vuelve a ellos, busca en las cosas simples, aprenderemos que podemos vivir con menos tecnología y más humanidad.

"Las flores siempre hacen que la gente sea mejor, más feliz y más útil; son el sol, la comida y la medicina para el alma."

( Luther Burbank. Botánico 1849 - 1926)

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